Abril, ¿eres tú?

Marzo son besos. Siempre lo ha sido. El primero en una cabina hace ya demasiados años, el último empujado por un soplido desde el interior de un taxi. Marzo es también los besos que no se dan, porque hay besos que solo se miran, y Marzo nunca deja de ser esas pequeñas encrucijadas que una y otra vez vuelven a darnos una oportunidad pero que siempre acaban distanciándonos.

Marzo son las fotos que nos hicimos cuando eramos jóvenes y que estuve a punto de enviar al fantasma equivocado (maldito whatsapp) o esa foto que me enviaste en la que, escondido tras unas gafas de sol, busco tu mano como pidiendo que no te vayas nunca, como intuyendo que aquello no podría funcionar. Tu mirada en esa foto me hace sentir terriblemente viejo. Supongo que será la inocencia que se perdió por el camino o la tranquila ternura con la que te apoyas, tan difícil de volver a ver.

Marzo es también esa última instantánea en la que sostengo un gin tonic junto a la chica que pudo haberlo sido todo. En la foto ladeo descaradamente mi cabeza hacia ella,  porque lo que pienso a menudo pesa demasiado y porque su sonrisa se ha demostrado ya magnética.

valencia

Y Marzo este año ha sido también ciudades, ha sido pólvora y recuerdos, amigos y sensaciones que creía olvidadas. Porque hay lugares que son estados de ánimo y de vez en cuando está bien volver de visita a aquellos sitios donde fuiste aunque ya no puedas ser. Marzo impregnó también una nueva ciudad, donde las calles son estrechas, la música suena sin que lo pidas y las protagonistas de los cuentos se dejan hechizar mientras brille sol.

Y con todo eso y alguna que otra certeza renovada viajé de vuelta a mi fría guarida, contento por otro mes irrepetible pero sabiendo que no es bueno volver a casa con la boca repleta de mordiscos sin usar.

Y así, lastrado por verdades que solo valen si las practicas, dejaré pasar los días hasta que llegue Abril, porque Abril siempre ha sido todo lo que Marzo no fue y porque sé que este Abril será también diferente a todos los que he conocido. Yo ya no llevo el traje gris, ni calendarios en el bolsillo y además aquí ya no queda nada por robar.

Y no puedo acabar sin la frase lapidaría del mes: “he aprendido tanto de mis errores que estoy deseando volverme a equivocar. Contigo o sin ti.” ¿Qué te parece?

Pasa Abril, así de lejos no te reconozco, pero supongo que es porque tanto tú como yo hemos cambiado mucho, nunca demasiado. Abril, ¿eres tú?

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