Poema al revés

Hoy escribí un poema al revés,
empezaba con un te quiero
y acababa con un soñé contigo.

La culpa la tienen las musas,
que me abordan cuando menos las esperas,
hoy les grité barbaridades,
les dije que estaba harto de sus caprichos,
que avisen antes de venir
o me volverán a encontrar escribiendo mails
a gente que detesto.

Pero no siempre es así,
hay veces que reacciono,
las agarro por la cola,
las arrastro hasta mi mesa.
Por muy tarde que parezca,
siempre hay tiempo que perder.
Vuelvo a escribir lo que no quiero,
se vuelve a hacer –una vez más– de día
y en la cama sigues sin estar tú,
pero esto a nadie ya le importa.

Con la calma que da el tiempo
hoy pensé otra vez en nosotros
y sí, estuvo muy bien,
pero quizá mi reacción fue desmedida.

Apareciste de la nada un octubre cualquiera,
yo llevaba tiempo buscándote sin saberlo,
pensando en ti a deshoras,
imaginando una mentira que aún no había ocurrido.
Triste manía la de idealizarlo todo,
soy gilipollas por creerme
que mis defectos son virtudes,
que será mejor para alguien
ir por la vida sin escudos.

Es difícil de entender, lo sé,
cómo se puede ser adicto a algo
antes incluso de haberlo probado.

Pero volvamos a las musas
y su sutil manera de joderme,
Hoy una de ellas me dejó,
como tú, en una cafetería.
Me dijo que no la persiguiera más,
que a ver si me he creído que lo mío es poesía.

Se fue, igual que tú, sin avisar,
y ahora toca perseguirla,
o esperar
a que no aguante ya más este silencio.

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