Yogures caducados

NoSkaters

Te has parado a pensar por qué cuando llueve no salen los skaters
o se esconden los músicos callejeros.
Por qué no se quieren mojar los gatos, ni las palomas.
Por qué los hoyuelos solo aparecen cuando ríes.
Te has parado a pensar, cariño, por qué el muy joven quiere ser viejo
o el viejo prefiere siempre estar preocupado.
Por qué los poemas hablan todos de lo mismo,
por qué los que escribimos nos repetimos tanto.

– Hola guapa, te llamaba porque estaba cruzando el puente. No deja de llover y no he podido evitar pensar en ti.
 Estoy trabajando cielo y si me llamas más tarde.

Te has parado a pensar por qué acabamos haciendo lo que más nos hiere,
qué tipo de insectos a la luz somos nosotros a la derrota,
o para cuánta gente la insalvable proximidad del metro
es, día a día, lo más parecido a intimidad con otro sexo.
Por qué cuesta más contar ciertas cosas que callarse.
En qué momento no pensar fue mejor que saltar al vacío.

– Cariño, despierta, te quería preguntar qué harías si nunca más tuviéramos que dormir. Si el sueño fuera tu aliado en vez de un mal necesario.
 Déjame descansar, no empieces, que mañana a las 8 me levanto.

Te has parado a pensar si tu respiración es mi mejor recuerdo de los últimos meses.
O desde cuándo pasamos más tiempo tumbados juntos que cara a cara,
que ya solo nos quitamos la ropa para ducharnos,
que la cena pasó de fiesta a liturgia y a nadie ya le importa.
Llegó la hora, supongo, de averiguar cómo el tiempo desterró al deseo
o de qué clase de elemento corrosivo está compuesto el cariño.

– Por fa, llega tarde a esa reunión, nada te queda igual que esa camisa blanca con el cuello desbocado. Quédate hoy aquí conmigo. 
– Dame un beso tonto y apaga la cafetera que se está quemando. Recuerda además que hoy tenemos cena. Vienen Toñi y Juan a ver el partido. ¿Lo habías olvidado?

Te has preguntado alguna vez por qué amar a otro suele ser la solución más fácil.
O cómo se siente el artista invitado en una obra sin bises.
Una obra en la que los actores comen cebolla para joderse los besos,
y el público, sin disimulo, mira constantemente sus relojes.
¿Eres consciente, como ellos, de la caducidad que nos acecha?
Cuándo fue que dejamos de sumar meses para descontar días,
como un reo cumpliendo condena, como el último yogur de la nevera.

Mensaje de texto: “Hoy no iré a cenar, mañana tampoco.”
Respuesta: “Estoy en la pelu, no seas así. Te veo a las nueve. 1 beso”

Te has preguntado, ahora, cómo fue leer nuestro último beso en vez de dártelo.

Desde entonces ya nunca deja de llover en tu lado de la cama y, por supuesto,
sigue sin haber skaters,
ni palomas,
ni gatos.

¿Te has parado a pensar?

 

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